lunes, 28 de septiembre de 2015

Noche de estrellas

Después de mucho tiempo, la verdad asomó por su forma más perfecta. La vi venir hacia mí engalanada de la piel más tersa, suave y estrellada, una piel que jamás había visto, tocado u olido. Estaba frente a mí, tan verdadera y real que el dolor de su presencia había que soportar valientemente. La vi delante de mí, como mujer, como quien era en verdad, tan real que en el silencio  y escondida detrás de su historia, ocultaba la mirada de ser y de estar ella misma conmigo. La vi, la llamé, le dije todo, no la olvidé y aunque no sé el por qué, eso no me interesa.

Al momento dejó de existir el alrededor y he aquí, solo y en la noche recordando.

Ella nunca fue mía, menos de nadie, la verdad de verdadera forma asomó entre sus pechos, y la vi nuevamente para ser observada. Ella no era de nadie, la viví y morí por ella, pero aún no era de nadie. Tomé con mis manos las suyas, me entregué a su mirada, buscando respuestas de preguntas que no había hecho. La vida escapó por mis poros, resumí mis lamentos de existencia entre sus piernas. Llegué a la muerte y sonreí: ella no es de nadie.


La verdad que se asomaba por su espalda estrellada, era tan real, que ni el sueño pudo despertarme. 

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Título 1 para una tarde


Escribo la memoria que asomó su asombro.
Escribo del dolor danzando con la muerte.
Escribo de la lluvia que pasó por mi rostro, mientras observo el cielo.
Escribo del viento que, aunque helado, es pasajero de los paisajes que recorre.
Escribo de las miradas de los que pasan por un lado que dan hacia la nada
y que de la misma nada siguen un camino trazado por rutina.
Escribo porque no olvido, escribo porque estoy vivo.
Escribo como una lucha incesante de carne y hueso vivo.
Escribo para decir mis palabras con tu voz
y que en ella viva eternamente.
Escribo, porque escribo para una tarde como hoy.

viernes, 22 de agosto de 2014

Por cierto.

Ciertamente, es verdad. Tú eres una persona especial. Lo digo por la forma en que tomas un té, lo llevas hacia tu boca y lo tratas de enfriar juntando tus labios como si de un beso se tratara, y soplas tu aliento dejándolo caer sutil, pero firme, sobre la superficie caliente de esta infusión. La revuelves y agitas emitiendo el sonido característico y clásico de campanilla llamando la atención con un ritmo constante y sonoro. Todo esto para mezclar el sabor del endulzante con lo amargo del té. Luego, lo pruebas, acercando la cuchara hacia tu boca, nuevamente, como si de un beso se tratase, lo alejas, soplas nuevamente, y lo acercas al interior de tu boca donde el líquido se nota deslizar hacia tu garganta, dónde lo veo ser tragado en un gesto que pasa por tu cuello. Todo esto, mientras un instante después me doy cuenta que ya no estás. Tú y tu mirada, esa mirada: se ha perdido en lugares donde la vida se ha ocultado de luces y sombras; se ha ocultado de mí; se ha ocultado dónde la mágica cuenta del tiempo se desvanece y éste - a la vez - parece que se detiene, se hace humo y, luego de todo ello, caes con un certero movimiento y vuelves en tu espacio, me miras y sonríes como si hubieses estado en un largo viaje el cual acabas de terminar. Lo digo, además, por tu particular forma de hablar, esa que al pasar el aire por tus cuerdas vocales haces emitir… esos… esos sonidos, tus sonidos, tus palabras, tus frases, oraciones y canciones que escucho de vez en cuando atravesando el espacio que hay entre tú y yo hasta mi oído. Por cierto, no olvido tu caminar, ese que al mover tus pies uno hacia adelante, luego el otro, en conjunto con una flexión de rodillas que permite que estés cerca o lejos cuando así lo deseas, me doy cuenta cuánto eres de especial. Por cierto, cuán especial eres que para escribir esto, tuve que pensarte, imaginarte y olvidarte. 

martes, 11 de febrero de 2014

Anomia

Tenemos un problema.
Afirmo que usted no cumple.
No cumples mis mandamientos, ni  mis reglas.
No cumples leyes, ni estatutos.
No seguís los cánones, no te sometí a los preceptos.
No escuchai esas órdenes, ni obedecí aquellos patrones que te han impuesto.
Ante una imposición vo’h te hací la lesa.
Ante una norma, la cuestionai, te dai la vuelta y seguís con la tuya,
tan libre y feliz, que es anormal. 

domingo, 1 de julio de 2012

Los Pies en el olvido

Entre una docena de cosas que habían de ser olvidadas, estaban los pies de María Ester. No fue porque lo quisiera, más bien, fue porque así debía de ser. María Ester, siguió su tranco, olvidando sus propios pies. Caminó sin avanzar e hizo amago de devolverse y es que el olvido pesa. Mismo problema tenía por acumular olvidos. Por tanto, decidió por lógica recordar. Recordó las tardes en las que creó olvido. María Ester, no olvidó, ella se dijo “lo olvidado no me ha sido tal”. Esas tardes en las que fue llevada tras de una decena de pasos que un lejano sujeto, que por más próximo había estado, nunca había estado tan lejos. María Ester no pudo recordar. Llegó de lejos una gota desde el lagrimal. María Ester, lo supo, el olvido no es natural. Recordó una tarde – la tarde – el sujeto y ella, ella y el sujeto. Ella le dijo que no quería.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Caminata Nocturna Nº 5

Me dijeron que era bastante fácil caminar. Una vez lo hice de aquí para allá. Como una tarde que va hacia la noche, donde todos los gatos se vuelven del color del pelo de la mujer morena de la esquina, que dice que trabaja como dueña de la misma. Dice que es normal; dice que desde hace un tiempo se vuelve cual gata para seguir los pasos de sus antepasadas.

Para ella, las esquinas son como atalayas - torres de vigía - dónde puede verse el ir y venir de los que quieren y no quieren. Un te quiero - con un beso -, una caricia y un adiós. Le siguen los que pasan como los jotes, no hablo de aquellos con barba en candado como yo. Hablo de los que preguntan: "¿A cómo el trabajo?". Ella responde como el servicio que otorga: "Depende". Depende y claro está, pues depende de lo que pidas, así todo depende dé. Depende y dependencia, claro esta, del valor de la transacción efectuada en una lógica de mercado y más que mercado un tratado, pues es un entrar a un mercado que suele encontrarse más allá de cinco minutos fuera del mundo.

Ella hace tiempo me dice que le gusta trabajar así. "Una mujer que es mucho más mujer que cualquiera" - dice sobre ella misma -, pues utiliza toda su femineidad; toda su mujerística característica, para conseguir un propósito, que para ella significa: dar un buen servicio. No es que sea malo, no digo que lo sea, tampoco digo que es bueno, pero al parecer lo es.

Sin embargo, y pese a todo, lo único que detesta son los malditos tacos que le impiden caminar al lado mío. Lo único que detesto yo es que la micro no pase y tener que seguir caminando a las una y media de la mañana.

miércoles, 6 de octubre de 2010

La pequeña historia de la hija del Sol






















Las historias suelen escribirse en palabras que pueden estar compuestas de letras que devienen de lo que comúnmente se conoce como alfabeto. Estas suelen, también, ir de corrido, una tras de otra acompañadas de puntos, tildes o letras que se entremezclan en frases hechas por hombres o mujeres con mucho tiempo para gastar. Las frases no son superiores a las oraciones y éstas tampoco lo son a los párrafos que componen los textos escritos. Se acostumbra a presentar las palabras sobre papel de todas las clases, así también pueden ser emitidas sonoramente mediante un sistema de sonido que poseen los seres humanos. Todo ello para comunicar una simple idea, ideas que no sólo vienen en palabras, también son parte de una tradición, del correr del tiempo.

Así cuenta la palabra hecha tradición. En la siembra del señor Sol, existía un jardín el cual su esposa Tierra cuidaba con esmero cada día. Suele decirse que Tierra por ser madre de diez hijos todos varones, solía esconder entre su jardín el más preciado de sus secretos: una hija la cual no conocía a su padre más que de vista. El jardín se ubicaba entre las preciadas colecciones de montañas y las nubes que la hermana de Tierra había regalado el verano pasado cuando estuvo de aniversario con su esposo - no es necesario recordar el episodio de viento para este caso -, el cual no gustaba de las mujeres como hijas, ya que éste consideraba que para el trabajo del día era necesaria la fortaleza viril como la de Tiempo, Viento, Cielo, Rocío, Árbol, Aire, Cerro, Campo, Río o Fuego.

La Madre, Tierra, se escapaba de noche, mientras Sol dormía, y acompañada de su hijo Rocío, acudía al jardín para visitar a su hija, quién cubría su rostro para no ser descubierta. Cuando ella nació, fue en un día muy especial, su padre aún estaba en los campos más lejanos, hacía los terrenos de su cuñada Mar, cuando le fue anunciada la noticia del nacimiento de su sexto hijo, el cual no era hijo sino hija. Éste partió presuroso diciendo para sí: "necesitamos manos de obra para el trabajo extenuante del día, una mujer sólo traerá bocas que alimentar", al llegar se encontró con la mala noticia de la muerte, de la que sería su primera hija. "Nació muerta", le informa la criada. En realidad, Tierra, sabiendo el enorme malestar del nacimiento de una hija para el padre, decidió subir con ayuda de Cerro hacía un jardín escondido cerca de las montañas para esconder ahí, entre un poco de sus lágrimas que formaron una cuna, el cobijo de la que será su mayor tesoro.

La hija del Sol crecía cada día en belleza y edad, sus delicados brazos y sus cuerpo parecía despegarse del suelo saludando a quién pasara de manera de ser tan bella como una flor. El asombroso parecido de esta con su padre asombraba tanto a los hermanos que sabía del oscuro secreto, como a la madre dueña de este. Al llegar cierta edad, Tierra contó a su hija el porqué de su estadía entre los jardines, lo que a esta pequeña resultó sin duda, atormentarte. Ella misma al estar cerca su padre escondía su cara, para no verle, pues el temor a éste le dominaba. Cada vez que éste se asomaba por las cercanías del jardín, ella escondía su bello rostro del día.

Un día la llegada de Viento, su hermano, atemorizó a la bella flor. Viento acercándose preguntó que era aquella persona que osaba ocultarse en los terrenos de su padre. Ella confesó. Viento, quién no simpatizaba con su padre por la preferencia con Tiempo, comentó que Sol, no debía de ser temido, lo a que a esta bella flor dio un poco de valor para enfrentarse un día en el que la presencia de su padre estuviera cercana.

Así, un día, la bella flor, tomó para sí el valor de mostrarse y decidió que la la próxima ocasión en que su padre estuviese cerca, ambos se enfrentaría el uno al otro sin más. La ocasión, así llegó, y Sol, recordó su colección de montañas, y decidió bañarlas con su presencia. La bella flor, al sentir la abrigadora presencia del Sol - su padre - lentamente comenzó a desplegar su hermoso rostro hacia el de su padre, quien con mirada intrigada entró en contacto maravillado por tal hermosura.


- ¿Quién eres? - dijo Sol.

- Yo, Padre mío, tu hija que conociste muerta, ahora vive frente a ti - dijo ella con sus ojos brillantes de emoción.

- ¿Hija? - respondió extrañado.

-Sí, soy quien ha sido escondida de tu presencia por ser hija tuya - la emoción crecía en ella. En ese instante, apareció la madre, atemorizada del espectáculo del que era testigo y asumió el temor que correspondía para tal secreto al descubierto. Ella confesó:

- "Si, esposo, mío. Ella es la hija que había nacido muerta para ti, siempre vivió como tesoro en mi jardín" - dijo la madre, con angustia.

- "Tu hermoso rostro a maravillado mi corazón. Tus ojos bellos, dejan pequeño toda mi labor diaria. Hija mía, tu luz ha sido liberada de la muerte". La voz del padre emocionado se escuchó desde todos los más recónditos lugares de su hacienda, para luego ser leyenda, entre los hijos de Cerro y esparcida por Viento y Rocío para ser escuchada por Aire y Cielo, quienes a su vez enraizaron en Árbol la maravillosa buena nueva, quien esparcio la noticia, para no perder a Tiempo ni a Campo, quien comentó a Río quien llevo la noticia a su tía Mar de que la familia era más numerosa ya que una hija ha maravillado el rostro de su padre. Sin embargo, Fuego, quien se había enemistado con la familia hace un buen tiempo, no ha sido enterado de tal noticia.

Así el padre abrazo a su hija y la hizo heredera de sus hermosos jardines, en los cuales ella había vivido y vivirá. Así la amistad entre la hija del Sol y éste es tan fuerte que cada día que el padre se acercaba al jardín ella le seguía tiernamente con su bella mirada, desde cuando su padre se acercaba, al cual llamó amanecer, hasta cuando él se alejaba, el atardecer. Para los ignorantes como nosotros las hijas de la Hija de Sol, las hacemos llamar maravillas, que no es un mal nombre para recordar alguien que maravilló el rostro de su padre.