miércoles, 6 de octubre de 2010

La pequeña historia de la hija del Sol






















Las historias suelen escribirse en palabras que pueden estar compuestas de letras que devienen de lo que comúnmente se conoce como alfabeto. Estas suelen, también, ir de corrido, una tras de otra acompañadas de puntos, tildes o letras que se entremezclan en frases hechas por hombres o mujeres con mucho tiempo para gastar. Las frases no son superiores a las oraciones y éstas tampoco lo son a los párrafos que componen los textos escritos. Se acostumbra a presentar las palabras sobre papel de todas las clases, así también pueden ser emitidas sonoramente mediante un sistema de sonido que poseen los seres humanos. Todo ello para comunicar una simple idea, ideas que no sólo vienen en palabras, también son parte de una tradición, del correr del tiempo.

Así cuenta la palabra hecha tradición. En la siembra del señor Sol, existía un jardín el cual su esposa Tierra cuidaba con esmero cada día. Suele decirse que Tierra por ser madre de diez hijos todos varones, solía esconder entre su jardín el más preciado de sus secretos: una hija la cual no conocía a su padre más que de vista. El jardín se ubicaba entre las preciadas colecciones de montañas y las nubes que la hermana de Tierra había regalado el verano pasado cuando estuvo de aniversario con su esposo - no es necesario recordar el episodio de viento para este caso -, el cual no gustaba de las mujeres como hijas, ya que éste consideraba que para el trabajo del día era necesaria la fortaleza viril como la de Tiempo, Viento, Cielo, Rocío, Árbol, Aire, Cerro, Campo, Río o Fuego.

La Madre, Tierra, se escapaba de noche, mientras Sol dormía, y acompañada de su hijo Rocío, acudía al jardín para visitar a su hija, quién cubría su rostro para no ser descubierta. Cuando ella nació, fue en un día muy especial, su padre aún estaba en los campos más lejanos, hacía los terrenos de su cuñada Mar, cuando le fue anunciada la noticia del nacimiento de su sexto hijo, el cual no era hijo sino hija. Éste partió presuroso diciendo para sí: "necesitamos manos de obra para el trabajo extenuante del día, una mujer sólo traerá bocas que alimentar", al llegar se encontró con la mala noticia de la muerte, de la que sería su primera hija. "Nació muerta", le informa la criada. En realidad, Tierra, sabiendo el enorme malestar del nacimiento de una hija para el padre, decidió subir con ayuda de Cerro hacía un jardín escondido cerca de las montañas para esconder ahí, entre un poco de sus lágrimas que formaron una cuna, el cobijo de la que será su mayor tesoro.

La hija del Sol crecía cada día en belleza y edad, sus delicados brazos y sus cuerpo parecía despegarse del suelo saludando a quién pasara de manera de ser tan bella como una flor. El asombroso parecido de esta con su padre asombraba tanto a los hermanos que sabía del oscuro secreto, como a la madre dueña de este. Al llegar cierta edad, Tierra contó a su hija el porqué de su estadía entre los jardines, lo que a esta pequeña resultó sin duda, atormentarte. Ella misma al estar cerca su padre escondía su cara, para no verle, pues el temor a éste le dominaba. Cada vez que éste se asomaba por las cercanías del jardín, ella escondía su bello rostro del día.

Un día la llegada de Viento, su hermano, atemorizó a la bella flor. Viento acercándose preguntó que era aquella persona que osaba ocultarse en los terrenos de su padre. Ella confesó. Viento, quién no simpatizaba con su padre por la preferencia con Tiempo, comentó que Sol, no debía de ser temido, lo a que a esta bella flor dio un poco de valor para enfrentarse un día en el que la presencia de su padre estuviera cercana.

Así, un día, la bella flor, tomó para sí el valor de mostrarse y decidió que la la próxima ocasión en que su padre estuviese cerca, ambos se enfrentaría el uno al otro sin más. La ocasión, así llegó, y Sol, recordó su colección de montañas, y decidió bañarlas con su presencia. La bella flor, al sentir la abrigadora presencia del Sol - su padre - lentamente comenzó a desplegar su hermoso rostro hacia el de su padre, quien con mirada intrigada entró en contacto maravillado por tal hermosura.


- ¿Quién eres? - dijo Sol.

- Yo, Padre mío, tu hija que conociste muerta, ahora vive frente a ti - dijo ella con sus ojos brillantes de emoción.

- ¿Hija? - respondió extrañado.

-Sí, soy quien ha sido escondida de tu presencia por ser hija tuya - la emoción crecía en ella. En ese instante, apareció la madre, atemorizada del espectáculo del que era testigo y asumió el temor que correspondía para tal secreto al descubierto. Ella confesó:

- "Si, esposo, mío. Ella es la hija que había nacido muerta para ti, siempre vivió como tesoro en mi jardín" - dijo la madre, con angustia.

- "Tu hermoso rostro a maravillado mi corazón. Tus ojos bellos, dejan pequeño toda mi labor diaria. Hija mía, tu luz ha sido liberada de la muerte". La voz del padre emocionado se escuchó desde todos los más recónditos lugares de su hacienda, para luego ser leyenda, entre los hijos de Cerro y esparcida por Viento y Rocío para ser escuchada por Aire y Cielo, quienes a su vez enraizaron en Árbol la maravillosa buena nueva, quien esparcio la noticia, para no perder a Tiempo ni a Campo, quien comentó a Río quien llevo la noticia a su tía Mar de que la familia era más numerosa ya que una hija ha maravillado el rostro de su padre. Sin embargo, Fuego, quien se había enemistado con la familia hace un buen tiempo, no ha sido enterado de tal noticia.

Así el padre abrazo a su hija y la hizo heredera de sus hermosos jardines, en los cuales ella había vivido y vivirá. Así la amistad entre la hija del Sol y éste es tan fuerte que cada día que el padre se acercaba al jardín ella le seguía tiernamente con su bella mirada, desde cuando su padre se acercaba, al cual llamó amanecer, hasta cuando él se alejaba, el atardecer. Para los ignorantes como nosotros las hijas de la Hija de Sol, las hacemos llamar maravillas, que no es un mal nombre para recordar alguien que maravilló el rostro de su padre.

1 comentario:

  1. Un relato que nos recuerda antiguos y rígidas relaciones familiares que debiéramos ya estar dispuestos a transformar, cómo odio a ese padre omnipotente!, a esa madre tierra asustadiza y sumisa!. Agradable de leer, melodioso de escuchar, como un hermoso cuento antes de dormir.

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