domingo, 1 de julio de 2012

Los Pies en el olvido

Entre una docena de cosas que habían de ser olvidadas, estaban los pies de María Ester. No fue porque lo quisiera, más bien, fue porque así debía de ser. María Ester, siguió su tranco, olvidando sus propios pies. Caminó sin avanzar e hizo amago de devolverse y es que el olvido pesa. Mismo problema tenía por acumular olvidos. Por tanto, decidió por lógica recordar. Recordó las tardes en las que creó olvido. María Ester, no olvidó, ella se dijo “lo olvidado no me ha sido tal”. Esas tardes en las que fue llevada tras de una decena de pasos que un lejano sujeto, que por más próximo había estado, nunca había estado tan lejos. María Ester no pudo recordar. Llegó de lejos una gota desde el lagrimal. María Ester, lo supo, el olvido no es natural. Recordó una tarde – la tarde – el sujeto y ella, ella y el sujeto. Ella le dijo que no quería.