lunes, 28 de septiembre de 2015

Noche de estrellas

Después de mucho tiempo, la verdad asomó por su forma más perfecta. La vi venir hacia mí engalanada de la piel más tersa, suave y estrellada, una piel que jamás había visto, tocado u olido. Estaba frente a mí, tan verdadera y real que el dolor de su presencia había que soportar valientemente. La vi delante de mí, como mujer, como quien era en verdad, tan real que en el silencio  y escondida detrás de su historia, ocultaba la mirada de ser y de estar ella misma conmigo. La vi, la llamé, le dije todo, no la olvidé y aunque no sé el por qué, eso no me interesa.

Al momento dejó de existir el alrededor y he aquí, solo y en la noche recordando.

Ella nunca fue mía, menos de nadie, la verdad de verdadera forma asomó entre sus pechos, y la vi nuevamente para ser observada. Ella no era de nadie, la viví y morí por ella, pero aún no era de nadie. Tomé con mis manos las suyas, me entregué a su mirada, buscando respuestas de preguntas que no había hecho. La vida escapó por mis poros, resumí mis lamentos de existencia entre sus piernas. Llegué a la muerte y sonreí: ella no es de nadie.


La verdad que se asomaba por su espalda estrellada, era tan real, que ni el sueño pudo despertarme. 

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